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El diario LAS PROVINCIAS
nació el día 31 de enero de 1866. Enero de 1866
Manifiesto fundacional de LAS PROVINCIAS
I La confusión ha sentado sus reales en el campo de la política; los antiguos partidos se desorganizan y se fraccionan; la idea cede el lugar a la personalidad; la ambición atropella a la consecuencia, y olvidada toda formalidad política, se buscan hoy y se alían los que ayer se separaron y se combatieron. Parece que en esta babel el interés egoísta del momento sea la única voz de inteligencia que comprenda la mayor parte de los hombres de partido II ¿Y qué hace el país en presencia de esta creciente y amenazadora erupción de las pasiones políticas? El país, que creyó hace pocos años haber llegado la época del desarrollo tranquilo y fecundo de los poderosos gérmenes de su grandeza y bienestar, mira disiparse el sueño de oro; ve olvidados sus verdaderos y permanentes intereses por los que en el poder o la oposición necesitan todo su tiempo y todas sus armas para una lucha sin tregua ni término; observa en todas partes la inquietud, el malestar, la alarma, la crisis económica enlazándose con la crisis política, los peligros de mañana agravando las dificultades de hoy; y en tan lastimosa situación, la inmensa mayoría de las personas que constituyen la fuerza y el nervio de la patria se aparta con dolor o con desdén del palenque político, abriendo así la puerta a las bastardas ambiciones que se apoderan de la cosa pública. III ¿Cómo puede recibir el país, indiferente o desengañado, los repetidos anuncios de la aparición de tantos periódicos como engendra el fermento que descompone a los partidos? ¿Cómo puede acoger una voz más en el coro atronador del periodismo político? Con la sonrisa de la duda, cuando no con el ceño del disgusto. Y nosotros, sin embargo, vamos a afrontar la repugnancia de las personas sensatas hacia las nuevas publicaciones políticas; nosotros, convencidos de que existen demasiados periódicos en España, vamos, no obstante, a publicar un periódico más. ¿Diremos, para justificar nuestro propósito, que hemos encontrado el secreto de hacer la felicidad del país, diremos que entre toda esa turba multa de apóstoles que aspiran a regenerar a la pobre España, nosotros solos somos los buenos, y que por ende merece nuestra palabra la fe, la autoridad y el aplauso que a toda palabra ajena le negamos? No, no tenemos tan mala idea del criterio público, que aspiramos a imponerle nuestras convicciones políticas; hay más; estas nos llevan "a no hacer política", tal como la política se suele "hacer" en España. Vamos a hablar al país de sus propios intereses; pero no seremos eco de ninguna de las parcialidades militantes. Todas ellas tienen sus órganos en la prensa: no les disputamos su misión; la nuestra es otra: venimos a ser "la voz de los que callan". Venimos a ser, en lo que nuestras fuerzas permitan, la voz del país que quiere ser justa, prudente y económicamente gobernado, la voz del propietario que desea paz y seguridad, del agricultor que anhela ensanchar su mercado, del industrial que busca facilidades para su fabricación, del comerciante que necesita libertad para su tráfico, del consumidor que sufre las consecuencias de las trabas económicas y los impuestos absurdos, del obrero, cansado de ver que son muchos los que le halagan y adulan y pocos los que prudente y eficazmente trabajan por mejorar su condición moral y material. Nuestro lema será: IV No traspasará, sin embargo, nuestro apartamiento de las banderías militantes, los justos limites de la razón y la prudencia. La política es una necesidad de las naciones, y mucho más cuando el país interviene en su propio gobierno. Y como para nosotros es una utopía, generosa pero irrealizable, la conformidad de todos los ciudadanos en unas mismas ideas políticas, los partidos son, en nuestros concepto, legítimos y necesarios. Lo que creemos tener derecho a exigirles, en nombre de los intereses supremos del país, es que sobrepongan a sus pasiones, a sus caprichos, a su egoísmo, aquellos sagrados intereses, cuando ellos puedan sufrir en la lucha menoscabo. Aceptaremos, pues, y respetaremos como legítima la existencia de todos los partidos que se sujeten a la ley. Para nosotros ninguna escuela posee el privilegio de la verdad política. Colocadas en diferentes puntos de vista, descubre cada una de ellas una sola fase de las cuestiones que apasionadamente controvierten, y sus errores no suelen ser otra cosa que verdades incompletas. Así es que
las más de las veces todos los partidos tienen algo de razón,
y ninguno toda la razón. V Ajena nuestra publicación a los partidos, podrá ser independiente de los gobiernos. Los periódicos, según las leyes de guerra dictadas por el espíritu de bandería, han de ser "ministeriales u oposicionistas". Obre como quiere el gobierno, tiene seguros el aplauso de los unos, la reprobación de los otros. Para aprobar o combatir los actos del poder, no se toma en cuenta su bondad intrínseca, sino la actitud que respecto a las personas que lo ejercen ha adoptado el periódico. Así la prensa olvida los altos deberes de la imparcialidad hasta convertirse en una "claque" vergonzosa, organizada para aplaudir o para silbar, de un modo ruidoso e indigno, a determinados gobiernos. ¿Es que se
ha perdido ya la gravedad, el decoro y el seso, en este formal y juiciosos
país, tan circunspecto y digno en otros tiempos? ¿Es que
todos nos hemos vuelto locos? ¡Ah! Poco esperamos del juicio de
los hombres de partido; pero como aún quedan muchos, quizá
más de lo que se cree, que no lo son, nosotros, buscando su apoyo,
queremos tomar por lo serio la misión de la prensa para con el
poder, del que debe ser eterno y severo vigilante; y seguros de que no
tendremos la dicha de lograr un Gobierno dotado del raro privilegio de
acertar en todo, y confiados en que no llegará nuestra desgracia
al extremo de sufrir otro que en todo yerre, no seremos nunca periódico
ministerial, no seremos nunca periódico de la oposición.
Independientes siempre, aplaudiremos y censuraremos, con mesurada imparcialidad,
actos determinados, según los juzguemos beneficiosos o perjudiciales
para el país, prescindiendo por completo del color político
del Gobierno que los lleve a cabo. |
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