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El Giro de la Iglesia: ¿Un Papa Diferente?
Viernes, 05/04/2013 - 11:27 -

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El gran problema de la Iglesia del siglo XXI es su proximidad con la juventud, con el grupo social que, algún día, será nuestro futuro. Así pues, tras los acontecimientos sucedidos durante este último mes se han manifestado ciertas cuestiones: ¿Supone la elección de Francisco I un cambio radical en la Iglesia? ¿Conseguirá acercar la Iglesia a los jóvenes de hoy, que hablan de un organismo arcaico, desactualizado, alejado (supuestamente) de su día a día? ¿Es, en definitiva, un Papa diferente?

Actualmente, una gran cantidad de jóvenes afirma no creer en Dios porque la Iglesia se encuentra estancada siglos atrás. Otros, por el mismo motivo, dicen creer en Dios pero no en la Iglesia, ya sea por cómo es ahora o por cómo fue en el pasado y lo que hizo. No obstante, no se puede creer en Dios y no hacerlo con aquello que Él ha dispuesto, es incoherente.
De igual manera no podemos decir: “No, es que no se ajusta a mis necesidades, a mi forma de vivir”. No se puede ser así, mostrar una postura contraria a la vida la religiosa y a la Iglesia es como pretender que Dios sea mudo y esté a disposición del criterio humano de cada uno. Para eso, encontrándonos en esas condiciones, ¿Cuál es Su razón de ser? Mejor olvidarse y un problema menos, ¿No?

El Papa cambiará cosas, claro. El error de la Iglesia se encuentra en la comunicación, el cambio está orientado a aproximar este organismo a la gente, hacerlo más presente. Pero lo básico es intocable, lo importante, lo que cuesta, permanecerá. Por tanto, alguien que pretenda tener una Iglesia que permita cualquier cosa se equivoca. No hay nada escrito que esté mal o no se pueda realizar, como decía San Agustín:
“Dios no manda cosas imposibles, sino que, al mandar lo que manda, te invita a hacer lo que puedas y pedir lo que no puedas y te ayuda para que puedas”.
Por eso después tenemos la confesión. Pero si nos desentendemos y no hay sacrificio, ¿Para qué quejarse tanto de lo mal que se comunica la Iglesia, si después seguiremos manteniéndonos al margen?

Blaise Pascal dijo una vez:
“Prefiero equivocarme creyendo en un Dios que no existe, que equivocarme no creyendo en un Dios que existe. Porque si después no hay nada, evidentemente nunca lo sabré, cuando me hunda en la nada eterna; pero si hay algo, si hay Alguien, tendré que dar cuenta de mi actitud de rechazo”.
Pues, tras esta reflexión, ¿tan enorme parece el sacrificio a realizar para salir “victorioso” de una forma u otra? ¿Tan complicado resulta llevar una vida cristiana? Para cambiar una cosa primero tenemos que involucrarnos y, desde dentro, si las cosas siguen viéndose mal, hacer lo posible por cambiarlas.


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