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Los responsables de la debacle financiera deben pagar por ello
Miércoles, 30/05/2012 - 20:03 -

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Existe en el idioma español una palabra, casi en desuso, que puede aplicarse como camisa a medida a todos estos grandes magnates de la banca

Podemos darle todas las vueltas al tema, podemos buscar causas, errores, incompetencias, temeridades y, si ustedes quieren, incluso podemos hablar de la influencia del azar o del mal de ojo que alguien que nos quiere mal puede habernos echado. Podemos achacarle el San Benito de la crisis mundial, que se ha desatado con motivo de las famosas sub-prime americanas y la quiebra, la sonada quiebra de Lemman Brothers –que, curiosamente, parece ser la única institución de crédito a la que el gobierno americano dejó que cayera con todo su peso, no sabemos si para escarmiento del resto de sistema financiero del país o porque pensó que, con ello, ya tendría el chivo expiatorio a quien endosarle el “marrón” – a los EE.UU. Claro que, después se demostró que aquellos infelices que recibieron el garrotazo no eran más que la cima de un iceberg, demasiado grande para que alguien consiguiera derretirlo antes de que hubiera logrado hacer naufragar a las innumerables naves en las que estaban embarcadas la especulación y la mala gestión de tantos consejos de administración, directores generales, presidentes y toda esta colección de petimetres a los que se los ha venido calificando, durante los últimos años, como yuppies; una plaga de jóvenes universitarios uniformados de lechuguinos, lameculos y trepadores, que se han creído ser los dueños del mundo con su concepto del capitalismo más trasnochado.

Esta especie, fruto de la globalización, son los encargados de convertir en informes, gráficos, ratios, proyectos, cálculos actuariales y estudios de marketing; las ideas de sus jefes, que no tienen tiempo ( o son incapaces de desarrollarlos) para dedicarse a trabajos “tan rutinarios”, que delegan a sus secretarios, para dedicarse a lo que, de verdad, importa: idear sistemas, rumiar estrategias; desarrollar artimañas sutiles con las que engañar de una forma aparentemente legítima y, por supuesto, legal; a todo aquel al que consideren susceptible de dejarse vaciar los bolsillos. Quizá les parezca un juicio muy exagerando; acaso piensen que todos estos altos directivos son personas de una gran capacidad, una extraordinaria preparación y una vista de lince para los negocios que, con su sabiduría, consiguen que las entidades que presiden engorden sus balances y repartan dividendos, sin olvidarse, por supuesto, de las importantes regalías que obtienen de su gestión y los suculentos seguros con los que garantizan una vida holgada para su retiro.

Existe en el idioma español una palabra, casi en desuso, que puede aplicarse como camisa a medida a todos estos grandes magnates de la banca, a estos supuestos genios de las finanzas conocedores de todos los resortes de la economía como para predecir lo que va suceder en el mundo dentro de dos décadas (lo malo es que no saben lo que va a suceder en la bolsa dentro de dos días). La palabra en cuestión es: “embaucador”, un término que podríamos definir, con toda propiedad, como: engañar, alucinar, prevaliéndose de la inexperiencia o candor del engañado. ¿Les inspira a ustedes algo el vocablo? Somos muchos los que, a través de nuestra existencia, hemos padecido en primera persona los efectos de alguno de estos embaucadores. Usted va a un banco e ingresa una cantidad en su cuenta corriente, inmediatamente, cuando el saldo sube un poco, sale de no se sabe qué rincón un sonriente empleado que le invita a sentarse a su mesa y le empieza a hacer su perfil de inversor: “ Usted, por su edad y por su aspecto tiene que conocer nuestro nuevo producto, que parece que ni pintado para lo que usted necesita” y así empieza el camelo que uno, al principio tiene la intención de cortar por lo sano pero, sin darse cuenta, presta más atención a aquel verdadero chorro de ventajas y seguridades que, al final, parece que seas un imbécil si no aprovechas aquella “ganga” que te ofrecen. Y así acaba comprando acciones preferentes de Lemman Brothers y así, también, se encuentra usted que, cuando se quiere dar cuenta ha perdido una fortuna. ¡Ah!, y no vaya usted a reclamar, porque aquel mismo empleado tan obsequioso, le mira de arriba abajo con un rictus de desprecio antes de espetarle ¡Pero hombre, ya debería usted saber que esta inversión era muy peligrosa! ¿no sabía que, en caso de quiebra, son los últimos en cobrar, si es que queda algo por repartir? Y usted, ante la tentación de agarrarlo por el gaznate y acabar con semejante gusano; como es una persona decente, piensa que en la cárcel se estará peor y que más vale resignarse. Parece un chiste pero no lo es ¡es la pura realidad!

Ahora, en España, todo el sistema bancario está en la picota. No hay caja o banco que no esté con la espada de Damocles pendiente sobre sus activos inmobiliarios, que fueron supervalorados y, ahora, se encuentran con que no valen ni la mitad de lo que consta en el alance. Sólo unos pocos bancos se han salvado de la quema y ello debido a que tienen la mayor parte de su negocio fuera de España. El resto están buscando recapitalizarse para cumplir las normas de la CE sin encontrar a quien pedirle dinero salvo, naturalmente al Estado. Pero resulta que el Estados somos todos, como ocurre con Hacienda, y estos mismo señores que nos embaucaron para que les prestáramos nuestro dinero para invertirlo, son los que acuden al Erario público para que les preste para tapar sus agujeros y es así, señores, como un mamotreto como Bankia necesita 24.000 millones de euros para no quebrar y tres otros bancos o cajas: Catalunya.Caixa, el Banco de Valencia y Novagalicia, ya se ha anunciado que, para evitar que ocurra lo peor, van a precisar otros 30.000 millones de ayudas del Estado. Y uno piensa “Bueno, supongo que ya deben haber despedidos todos los directivos incompetentes y embaucadores y serán sometidos a juicio para que purguen por sus engaños, paguen el daño causado y se pasen al fresco del patio de una cárcel un buen puñado de años para purgar su delito”.

Pues “uno” se equivoca, de medio a medio. En Bankia, excepto Rato, que ya se marchó, el resto de consejeros y altos directivos siguen en sus puestos, cobrando sus salarios astronómicos y algunos calculando cuantos millones de euros les tocan para cuando se jubilen. Y esto no pasa sólo en Bankia, porque hay muchos otros bancos y cajas que han recibido ayudas del FROP y siguen manteniendo, en sus puestos, a los responsables del estado en el que han dejado a sus respectivas entidades. No es de recibo, como tampoco lo es este retraso, aparentemente injustificado, de aplazar hasta septiembre el meterles mano a las entidades públicas que, en número de centenares, existen en nuestro país; sin que exista justificación alguna para que se sigan manteniendo y, por añadidura, suponen un coste exagerado de salarios sólo para darles la sopa boba a una colección de enchufistas y paniaguados colocados por el PSOE.

Es obvio que, cuando el pueblo tiene que sacrificarse, ahorrar e intentar sobrevivir en una país donde escasea el trabajo, los impuestos suben; hay casi seis millones de parados, a las puertas de ser rescatados y sin saber si se van a seguir cobrando las pensiones; unos embaucadores, unos directivos que han resultado incapaces e incompetentes para dirigir correctamente las empresas que se les confiaron, que cobran unos sueldos astronómicos y que ha contribuido, con sus negocios especulativos, a la situación en la que se encuentra España; el hecho vergonzoso inaudito de que se los mantenga en sus sitios, se les siga pagando sus sueldos y demás bagatelas y no hayan sido sometidos a los correspondientes expedientes disciplinarios, se les hayan reclamado daños y perjuicios y se les hayan embargado sus bienes, para garantizar el pago del coste que, su desidia y sus trapicheos, han supuesto para España y los españoles. O esta es, señores, mi opinión respecto a esta indecencia.






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